Godard vagabundo y las imágenes de juguete

Toda verdad cinematográfica proviene necesariamente de un artificio, ya lo dijo Bazin hace más de medio siglo. El cine es capaz de hacer creíble lo increíble, de presentar como realidad lo que tan solo es un simulacro.  Poco importa que las historias  se sitúen en el terreno de lo posible o lo imposible. El cine narra con imágenes, dramatiza; nos sitúa en medio de una selva de cartón-piedra o nos transporta por el universo a la velocidad de la luz. Pero por exótico y ficticio que sea nuestro viaje perceptual casi siempre acabamos adivinando una vocación de verdad y credibilidad.

Muy pocos cineastas han trabajado con la idea del simulacro como idea conceptual central. Sin verdad. Sin vocación de realidad. Sin pretender credibilidad alguna. Hacer películas así, para no creer en ellas, supone un posicionamiento inhabitual, ajeno a la tradición cinematográfica. Cuando el cine se transforma en un juego  se escapa de su propia razón. Este desvío lúdico nos lleva a otros terrenos, parecidos pero diferentes. Ya no se trata tanto de poner imágenes a las historias sino poner historias a las imágenes; de elaborar pequeños discursos a partir de un discurso principal siguiendo un proceso inverso de construcción fílmica. Quizás este sea el planteamiento que hizo del primer Godard un genuino vagabundo audiovisual. Sus imágenes, al igual que las de Rossellini, se entregan al azar, al destino incierto, a dejarse llevar. Las imágenes erráticas de Godard son ante todo un juego: el juego de las películas. Un juego con los clichés, con los referentes genéricos de los clásicos americanos. Un juego que no pretende resultar cierto ni verídico. Tan sólo un juego. Un ejercicio lúdico en el que Godard reprograma historias y las descontextualiza como el niño que recicla un juguete viejo para darle un nuevo uso.

El cine de Godard se sitúa así en un lugar fronterizo escapándose de lo cinematográfico para adentrase en terrenos artístico-experimentales.

Trailer de Le Mepris: Jugando a las películas

Tres delincuentes peligrosos batiendo el récord mundial de velocidad en visita al Louvre (Bande à part)

Tres delincuentes peligrosos en acción (Bande à part)

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Una respuesta a Godard vagabundo y las imágenes de juguete

  1. carmen caro Alfaro dijo:

    muy interesante esto que dices

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