Epílogo de lo doméstico (a lo cutre por lo guay)

Ahora que las cámaras de juguete filman en HD empieza a resultar complicado conseguir imágenes malas. La etiqueta de “doméstico” ha servido en las últimas décadas para establecer una frontera irónico-simbólica entre una idea elitista del arte y los productos de las industrias culturales de vocación masiva (sin peyorizar ni lo uno ni lo otro). Así, desde el súper 8 y el Betamax hasta el teléfono-vídeo, numerosos artistas han encontrado en lo doméstico una forma de expresión que supone, de paso, una pequeña conquista del indómito territorio audiovisual. La incorporación de la imagen en movimiento al arte sólo podía ser posible desde lo casero-artesanal por oposición al concepto de producción industrial asociado a la idea cinematográfica. Pero como todo error es susceptible de convertirse en lenguaje, la imagen doméstica no tardó en convertirse en seña de identidad de una forma de entender el arte. Ya nos hemos referido en este blog a la pixelvisión de Sadie Benning. Como ella, otros artistas han trabajado la idea de lo doméstico con una intencionalidad que va mucho más allá del hecho en sí, posibilista, de filmar.

Raúl Marroquín, por ejemplo, nos ofrece imágenes aéreas de París sin salir de casa filmando mapas turísticos con su teléfono. La monotonía cenital del paisaje aéreo sólo se ve alterada por la presencia imponente de la edificación-mito, en este caso un souvenir de Torre Eiffel, que destaca sobre un enjambre confuso de calles y manzanas. Acompaña además sus imágenes con rótulos anti-digitales escritos a mano en post-it adhesivos.

Mateo Maté, en su pieza Desubicado, ironiza con la idea de superproducción filmando una simbiosis entre El Planeta de los Simios y Centauros del Desierto sin salir de su propio dormitorio.  El personaje protagonista, perdido entre los pliegues de su propia cama, vive toda una epopeya desubicado en la inmensidad de un paisaje desolador.

Annika Ström, en sus delicadamente intrascendentes videos caseros,  nos permite fisgar en el entorno doméstico y familiar de la artista anti-artista. Ström convirte en obra de arte  no ya la pieza en sí, sino su capacidad para situar en el museo lo que aparentemente no pertenece a él. Su estética doméstica se transforma en una trinchera.

Y podríamos extendernos con los extraordinarios ejercicios domésticos de Bruce Nauman, Martha Rosler, Yoko Ono, Valie Export, Manuel Saiz y un largo etcétera de artistas de diferente tiempo y lugar. Pero a todos ellos le ha salido el grano de la HD. Ya nada les va a quedar doméstico sólo con pulsar un botón. Para tranquilidad de todos el delirio tecnológico viene, una vez más, al rescate: entramos en la era de la emulación digital para simular calidades deficientes. ¿Quién no ha flipado con las fotos cutre-guays de la instamatic del I Phone? Pero claro, ya no es lo mismo. Este es el triste epílogo de lo doméstico: a lo cutre por lo guay.

Imágenes aéreas de Raul Marroquín:

Bruce Nauman caminando exageradamente sobre el perímetro de un cuadrado:

Martha Rosler dando lecciones de semiótica doméstica:

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